MÁS
PEDAGOGÍA DE LABORATORIO, NO, GRACIAS.
La norma que ha de
regir el sistema educativo está en fase de debate en las Cortes Generales.
¿Será una ley educativa más o sentará las bases de un duradero pacto? Al margen
de los partidos, la sociedad -y, con un clamor, el profesorado- demanda de
nuestros políticos el esfuerzo de pactar unas bases estables para nuestra
educación, abandonando la “pedagogía de laboratorio”, inspiradora de la LOGSE,
y predicada por quienes no entran cada día en una clase con adolescentes.
El Ministerio de Educación, sólo
cuando más de un millón de personas salieron a la calle, ha introducido algunos
retoques a la Ley, los más imprescindibles para que la LOE no parezca una LOGSE
camuflada. Los cambios más importantes (repetición de curso, número de
asignaturas para poder pasar, exámenes extraordinarios...), eran medidas ya
introducidas por la denostada Ley de Calidad de la Enseñaza. ¿Para este viaje
hacían falta estas alforjas? Quizás hubiera sido más sensato plantear una
reforma parcial de la LOCE y no su derogación, lo cual hubiera facilitado el acuerdo entre los dos grandes partidos,
base para un pacto verdaderamente estable.
Bienvenidos sean los retoques, pero el sistema educativo español
seguirá adoleciendo de grandes anomalías, que lo alejan de la mayoría de
sistemas europeos. Seguiremos con el Bachillerato de dos años, el más corto de
Europa, incapaz de preparar adecuadamente sobre todo para las carreras más
exigentes. ¿Cuántos alumnos de primer curso de ingeniería y otras carreras han de ir a academias privadas para
compensar lo que el Bachillerato no ha tenido tiempo de enseñarles? Seguirá sin solucionarse la asignatura
pendiente de la dirección profesional de los centros. España tiene el único
sistema con una dirección escolar no profesional en que , además, los alumnos
menores de edad pueden decidir quién es el director de un centro. La ambigüedad
de determinados artículos de la LOE puede dar pie a terminar con el profesorado
especialista en la enseñanza secundaria, una de las garantías de calidad.
Y junto a estos y otros
problemas, el Departament
d’Educació catalán prepara nuevas dosis de “pedagogía de laboratorio”: lo que
ni tan siquiera se atrevió a hacer la LOGSE ahora se piensa aplicar en
Catalunya. La Consellera ya habla de eliminar las asignaturas, que serán
sustituidas por una “transversalidad” pedagógica. ¿Se imaginan a la Consellera
de Sanidad anunciando que a partir de ahora no habrá más que médicos
“transversales”, ya que los especialistas han de desaparecer? Cualquier
ciudadano con sentido común estará de acuerdo en que el mejor profesor de
matemáticas es un especialista en la materia y que sepa explicarla. A toda
aquella delirante proposición, insólita en Europa, se le llama “debat
curricular”. Como se llama “Pacte Nacional per l’Educació” a otro conjunto de
propuestas entre las cuales destaca introducir en la función pública docente mecanismos tan arbitrarios como
inconcretas “entrevistas” con futuros candidatos a una plaza, a cargo de unas
“comisiones”, formadas, eso sí, por no profesionales de la educación en activo.
Desgraciadamente, así no se
consigue lo que el sistema necesita: sosiego, verse libres durante unos años de
más ideas paleoprogres. Precisamos un pacto educativo que potencie lo que ya
funciona bien y corrija los desastres que aún arrastramos de la LOGSE. Los
experimentos ya los hemos padecido y su resultado es un alto nivel de fracaso
escolar al final de la ESO y una bajo nivel de conocimientos generalizado, como
testimonian los resultados de las pruebas PISA. Por eso, más pedagogía de
laboratorio, no, gracias.
Felip
J. de Vicente Algueró, Presidente de la Associació de Catedràtics
d’Ensenyaments Secundaris de Catalunya
(ACESC)