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LA VANGUARDIA, 1 DE MARZO, 2007
DEBATE / Los retos educativos del
siglo XXI
¿HACEN FALTA BUENOS
PROFESORES?
FELIP
J. DE VICENTE ALGUERÓ –
Sí,
contestaría rotundamente cualquier político o responsable de la
Administración educativa a la pregunta que titula este artículo. Y
seguirían explicando lo necesario que es el buen profesorado para una
educación de calidad. La pena es que las palabras no se corresponden con
los hechos. Basta contemplar el modelo de oposiciones (es un decir)
que la Administración prepara para los próximos cuatro años.
Según la ley, el proceso selectivo del funcionario docente en secundaria
requiere demostrar conocimiento de la materia y capacidad para enseñarla.
Lo primero se considera previo: no puede enseñar quien no domina su
asignatura. Por eso, las oposiciones establecían que las pruebas para
comprobar esta finalidad fueran eliminatorias. Pues bien, ahora dejarán de
serlo y, además, se reducen a un simple ejercicio consistente en
desarrollar un tema elegido entre cinco de un temario de unos 70-75 temas.
Los ejercicios prácticos, los de mayor rigor en las oposiciones, han sido
eliminados, excepto para las especialidades de formación profesional. Para
que el lector lo entienda: no se comprobará que un futuro profesor de
inglés sepa traducir, o uno de matemáticas o física resuelva problemas, u
otro de ciencias naturales identifique unos minerales... La oposición se
reduce a presentar una programación y exponer ante un tribunal una clase,
previamente elegidas, además, por el candidato. Incluso, para el
profesorado interino, esta clase podrá ser sustituida, a elección del
candidato, por un informe realizado por la propia Administración, lo que
se presta a una cierta arbitrariedad.
Hace ya muchos años que el rigor en la selección del profesorado se venía
suavizando. Ahora bien, ningún gobierno había llegado tan lejos. Es cierto
que hay una abundante bolsa de interinos a la que se debe facilitar el
acceso al funcionariado; sin embargo, para los profesores interinos
competentes (que son muchos) existen otras fórmulas más serias y mejores
que este coladero.
¿Qué se esconde detrás de este disparate? Muy sencillo: la Administración
necesita un profesorado al que se le exige muy poco, para que, a su vez,
exija muy poco a los alumnos. Los planes de nuestro Departament d´Educació,
por ejemplo, están claros con el mal llamado Pla de Millora de la
Secundària: dinero a cambio de aprobados. El mencionado plan consiste en
un contrato entre un centro y la Administración, que se compromete a
aportar unos medios (bastante escasos) a cambio de que se consigan tasas
de aprobados en torno al 92% en la ESO y al 85% en el bachillerato. Como
España es prácticamente el único país de nuestro entorno que renuncia a
comprobar lo que realmente saben nuestros alumnos al final de la enseñanza
obligatoria, no habrá manera de saber si los aprobados se corresponden con
los conocimientos realmente adquiridos.
Al fin y al cabo, debe de pensar la Administración, para entretener a los
alumnos y conformarse con unos conocimientos mínimos que ni tan siquiera
se comprueban, ¿hacen falta buenos profesores? Si algo caracteriza a los
mejores sistemas educativos, sin embargo, es la exigencia con el
profesorado y el alumnado. Véase, por ejemplo, el tan citado caso
finlandés, donde la selección del profesorado es de un rigor que aquí
causaría pánico. La diferencia está en que, en Finlandia, a los políticos
sí que les interesan los buenos profesores. Y, además, lo demuestran.
FELIP J. DE VICENTE ALGUERÓ
Presidente de la Associació de
Catedràtics d’Ensenyaments Secundaris de Catalunya
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