¿A QUIÉN DAR EL
TÍTULO DE GRADUADO DE ESO?
Artículo publicado en “Diari de Terrassa”, el 28 de octubre de 1997.
Amplia
repercusión en la enseñanza secundaria está teniendo el comentario de
“Viene a decir que
no existen unos niveles mínimos para esa etapa sino que por su carácter
finalista debe evaluarse de forma individualizada según los progresos y
perspectivas de los alumnos y que el ‘hecho de haber finalizado esta etapa sin
la titulación mínima puede afectar seriamente a su inserción social y laboral’.
En algunos centros muy rigurosos, los inspectores lo han dicho de forma mucho
más rotunda: hay que reducir el número de suspensos en
Esto es lo que
La verdad es que el problema de a quién y con qué
criterios se otorga el Graduado va a ser estrella este curso en los centros que
ya tienen alumnos de 4º de ESO. Hasta hace unos meses, los datos de suspensos
iban, según fuentes oficiales o socialistas, del 24 al 40 %; ahora se habla del
19, 2 %; en cualquier caso, de decenas de miles de alumnos. El alumnado sin
Graduado queda excluido de toda enseñanza reglada y, como los llamados Cursos
de Garantía Social están poco desarrollados, cabe razonablemente prever -como
ya prevé la propia Administración- que muchos miles de jóvenes pueden verse
seriamente afectados en su inserción social y laboral. Precisamente fueron
personas de
¿Resulta justo no dar el Graduado a quiénes, dentro de
sus limitaciones, se han esforzado, aunque hayan quedado lejos de los niveles
de sus compañeros? ¿Resulta justo dar el Graduado, título único y con igual
validez, tanto a los alumnos que han logrado alcanzar, materia por materia, los
objetivos marcados, como a los que lo han conseguido sólo en algunas o en
ninguna de ellas? ¿Cómo cabe suponer que afectaría a la moral de alumnos y
profesores la constatación, en su caso, de que se haga lo que se haga, todo
concluye en el mismo Graduado? ¿Deben ser los profesores quienes carguen con la
tensión moral de los suspensos por la secuela de alumnos marginados?
El problema lo creó
El profesorado y quienes tienen responsabilidades en la
enseñanza deben asumir el reto de este debate. Hará falta mucho diálogo.
En este curso escolar el problema de la acreditación, así
como los otros ya planteados, deben encontrar soluciones satisfactorias.
Quienes trabajamos en los centros, en contacto con los alumnos, enseñándoles,
ayudándoles y orientándoles, como siempre, y lo hacemos con ilusión,
creatividad y responsabilidad, nos esforzaremos por encontrarlas, aplicarlas y
hacerlas ley, en favor de nuestra digna enseñanza pública.
Isidro Cabello Hernandorena
Portavoz de
Máster en Gestión y
Dirección de Centros Educativos.