El fracaso de la Logse
JESÚS BURREL y FELIPE DE VICENTE,
presidente y vicepresidente de ACESC-ANCABA
Un gran maestro de economistas, Gabriel Tortella, al tratar de las causas del
subdesarrollo español hasta bien entrado el siglo XX señala la incapacidad del sistema
educativo para suministrar el "stock" de capital humano que el crecimiento
tecnológico precisaba. Para Tortella, el problema subsiste: "España no parece ni
hoy ni en el futuro próximo, consciente de la seriedad del problema y dispuesta a asumir
los compromisos y las responsabilidades que la solución del problema requiere".
La Logse ha perjudicado la formación de las futuras generaciones. Es verdad que
estableció la escolarización obligatoria hasta los 16 años (de hecho ya se había
conseguido antes), pero no es menos cierto que su aplicación ha traído otros elementos
negativos: la promoción automática, un sistema de evaluación complico y burocrático,
la falta de recursos al profesorado, el clima de indisciplina... Y, sobre todo, la llamada
"comprensividad", o sea, mantener a todos los alumnos en la misma aula hasta,
por lo menos, los 16 años o incluso hasta los 18, les guste o no les guste, quieran
estudiar o no quieran. Que la Logse no funciona bien sólo lo niegan algunos políticos,
sindicalistas y pedagogos de despacho que llevan años alejados de las aulas. Pero ¿por
qué ha fracasado la reforma?
1.Nos aleja de la mayoría de sistemas educativos de los países desarrollados, donde la
enseñanza secundaria superior comienza antes o se produce alguna diversificación del
alumnado a partir de los 15 años. Además, la secundaria superior tiene una duración de
tres años en la mayoría de países (Alemania, Italia, países nórdicos, Francia).
2. Los centros educativos padecen los llamados "objetores escolares", alumnos de
los últimos cursos de la ESO desmotivados para una enseñanza académica tradicional. Una
diversificación en el segundo ciclo de la ESO, distinguiendo entre una educación más
académica y otra más manipulativa, sería una solución viable. Según un reciente
estudio de "La Caixa", un 60% de los padres está de acuerdo en diversificar la
ESO. Y en otra encuesta dirigida por uno de los padres de la Logse, Alvaro Marchesi, el
72,5% del profesorado está a favor de crear itinerarios.
3.Uno de los grandes mitos de la Logse es evitar la segregación porque ello perjudica a
alumnos de procedencia social más baja. Pero la verdadera segregación es la que sufren
los estudiantes condenados a recibir una educación de peor calidad (los adolescentes
españoles se encuentren por debajo de la media de la OCDE en comprensión lectora,
cultura matemática y cultura científica, según el estudio PISA). La enseñanza pública
secundaria se configura como una red meramente asistencial o complementaria de la privada.
4.Para entender correctamente la Logse se hace necesario acudir a su filosofía (John
Dewey, Freinet y Paulo Freire). La pedagoga sueca Inger Enkvist, que conoce muy bien el
modelo de escuela comprensiva, explica que se basa en una filosofía educativa que casi
absolutiza al niño o adolescente. Se considera a los alumnos dotados de una autonomía
intocable y no se puede hacer nada que la enturbie: repetir curso, diversificar, proponer
exámenes, exigir esfuerzo. Incluso imponer una sanción es complicado. He ahí una de las
causas del enorme deterioro de la disciplina.
5.La calidad del sistema educativo está también ligada a la financiación. Pese a su
crecimiento, el gasto total por alumno en la secundaria es el 62,5% de la media de la UE ,
6. La escuela de los países desarrollados intenta hacer compatibles dos objetivos:
favorecer la cohesión social y contribuir a formar el capital humano imprescindible para
incrementar el nivel de desarrollo y bienestar. Por ello admiten estrategias de
diversificación. Llega un momento en que los chicos y chicas pueden y deben seguir
itinerarios académicos en función de sus intereses y capacidades, debidamente
orientados. Eso, que es normal en muchos países, se concibe como segregador o injusto en
nuestro país. Aferrarse a esta diferencia puede ser funesto.
JESÚS BURREL y FELIPE DE VICENTE, Associació de Catedràtics de Catalunya