|
¿ES NECESARIA LA REVÁLIDA? José Benedito Alberola y
María Pilar Cavero Montori.
Desde hace unos días ha surgido la polémica sobre establecer, o no, una reválida al final del Bachillerato y sobre la sustitución del actual modelo de selectividad por pruebas específicas en las diversas universidades. Los portavoces de las Comisiones de Educación del Grupo Popular en el Congreso y en el Senado, señores Guerra Zunzunegui y Barahona , han afirmado que el examen de reválida es imprescindible para nuestra equiparación con los países europeos (Escuela Española, 8-III-2001) y el MECD se está planteando, como hipótesis de trabajo, la posibilidad de dicho examen aprovechando el marco de la futura Ley de Calidad. Contra tales propuestas, pronto han surgido diversas voces. En especial, las de aquellos que pretenden seguir apuntalando un sistema educativo que se hunde, anegado en su propia ineficacia y estulticia, y que no aportan ninguna alternativa a un sistema de selectividad, como el actual, inútil en muchos casos e intrínsecamente malo en otros. En ANCABA, desde hace años, pensamos, y así lo expusimos, en la necesidad de modificar el sistema de acceso a la Universidad y de sustituirlo por una prueba de madurez al finalizar el Bachillerato y selectividad sólo cuando fuese necesaria: " Examen de madurez para todos y selectividad sólo para cursar aquellas carreras con exceso de demanda" (ANCABA: El laberinto de la selectividad. Escuela Española, 29-IV-1993). " Las autoridades ministeriales y los rectores están estudiando alternativas a la actual selectividad, con nuevas propuestas coincidentes con las nuestras. Pero por bueno que sea el modelo resultante, no servirá (porque contribuirá a aumentar las desigualdades sociales) si se aplica sobre una situación de partida radicalmente injusta" ( José Benedito y Mª. Pilar Cavero: Sobre la selectividad. Escuela Española, 28-XI-1996). En 1993 aún subsistían, aunque devaluados y sentenciados a muerte por la LOGSE, un bachillerato de tres años y el Curso de Orientación Universitaria y en ese contexto planteamos la necesidad de un examen al final del primero y de pruebas específicas para acceder a los estudios universitarios más demandados. Tres años después, cuando ya eran evidentes las nefastas consecuencias de la comprensividad en la Enseñanza Secundaria hasta, como mínimo, los 16 años y de la desaparición del Bachillerato, tal como se entiende en los países de nuestro entorno socio-económico, seguimos defendiendo esa doble vía e indicamos que la objetividad de las pruebas revelaría el doble e injusto sistema educativo que se estaba implantando y obligaría a cambiarlo. El futuro negro, negrísimo, que presagiamos, ya es presente y cada curso que pasa es peor que el anterior. El seudobachillerato actual es una mera continuidad de la ESO, un par de años más, al menos en la enseñanza pública, y sólo un número reducido de los alumnos que lo cursan tienen como meta la Universidad. Las Pruebas de Acceso (PAU) se corrigen con criterios logísticos: se valoran los aciertos, aunque sean mínimos, y se desestiman los errores, aunque demuestren un desconocimiento total de las materias y una falta de base casi absoluta. La ponderación en las calificaciones pasó a mejor vida. Como consecuencia de todo ello, hay muchos asientos vacíos en las aulas universitarias públicas y, lo que es peor, hay otros ocupados por alumnos medio ágrafos y semi analfabetos en muchas disciplinas fundamentales. ¿Desaparecido de hecho el Bachillerato, cabe plantearse una reválida al final del mismo?. ¿Con Facultades semi desiertas, es necesaria una selectividad para acceder a todas ellas?. En un sistema educativo coherente y eficaz, que tenga un bachillerato digno de tal nombre, la reválida es necesaria. Hace falta una evaluación externa que homologue y homogeneice los estudios medios, es decir el bachillerato, entre los diversos centros y territorios del Estado y que garantice que los alumnos han adquirido los conocimientos y la formación necesarios para acceder a estudios superiores o a determinados puestos de trabajo. Pero con el sistema educativo que padecemos, una reválida, diseñada con un mínimo de sensatez y honradez y común para toda España, sólo mostraría las vergüenzas del mismo y las diferencias, que pueden ser abismales, entre los centros educativos, dependiendo de su ubicación y titularidad. Quizá lo que algunos temen es que tal realidad se haga más palpable. ¿Cómo seguir defendiendo un sistema tan perverso?. Para otros los temores, ante la reválida, son diferentes: Aquellos padres a quienes importa más que sus hijos tengan un título, aunque ni demuestre ni sirva para nada, a que adquieran los conocimientos y la formación necesarios para su futuro personal y profesional, pueden temer que no consigan él de bachiller, que ahora se garantiza casi al 90% de quiénes lo cursan. En cuanto a los profesores, en este momento la parte más débil del sistema, recelan de que se les cargue con una nueva responsabilidad, a la que en la situación actual no podrán hacer frente, o se les culpe, como tantas veces, del fracaso. Ya hay muchos docentes que no quieren impartir clase en segundo de bachillerato: en unos casos porque su materia se exige en selectividad y, aunque las pruebas estén muy devaluadas, no pueden garantizar una mínima preparación de sus alumnos; en otros porque la materia que imparten, al no exigirse en ésta, se transforma, lo sea o no, en una optativa lúdica, y se ven obligados a garantizar el aprobado por mera asistencia más o menos activa. Claro que peor es el caso de quienes, por no tener horas, deben buscar alumnos e impartir dichas optativas en unas condiciones de rebaja y desprestigio que detestan. La futura Ley de Calidad debe contemplar la existencia de un examen de madurez o reválida al final del bachillerato, fijado por el MECD para todo el Estado Español y con tribunales integrados por los profesores que lo impartan, y dejar que la selectividad se establezca sólo para aquellos estudios superiores en los que sea necesaria, como actualmente se está haciendo en algunos casos. Pero flaco favor se hará a nuestra sociedad si se contenta con modificar el final del camino, cuando lo que hace falta es cambiar todo el trazado. ¿Se ha cuestionado el MECD si el actual bachillerato será homologado por la Unión Europea?. Pero dicha reválida sólo tendrá sentido tras una enseñanza secundaria de calidad, con una ESO diversificada a partir del segundo ciclo, con itinerarios diferenciados, y un bachillerato de, al menos, tres años, por arriba. Estudios que deberán impartirse en centros en los que impere un mínimo de orden y de estímulo por aprender. En los que los profesores podamos recuperar nuestra función de tales, olvidando las tareas de pura supervivencia o mera asistencia a las que ahora dedicamos al mayor parte de nuestro tiempo. No modificar sustancialmente el actual sistema educativo e implantar una reválida devaluada, con mínimos vergonzantes, o con sistemas de corrección que busquen a toda costa el aprobado será una estafa, además de una pérdida de tiempo. Debemos recuperar el rumbo perdido en la educación española, con cambios legislativos y de mentalidad, sustanciales en la enseñanza primaria y radicales en la secundaria, si no queremos ser el furgón de cola de los países europeos. En este contexto la reválida será necesaria. |