
Este
texto repasa las distintas leyes españolas de educación: la Ley General de Educación de
1970, que inició la llamada escuela comprensiva; la catastrófica LOGSE, que ha elevado
el fracaso escolar en España al 30% del alumnado en Secundaria; la LOCE, intento del
Partido Popular de elaborar una ley que primara el esfuerzo, el estudio y la
responsabilidad personal de los estudiantes. Sin embargo, la llegada al poder del PSOE ha
significado la precipitada elaboración de la LOE, que acaba con los criterios de calidad
y de reconocimiento del mérito, y vuelve a principios dogmáticos, como el igualitarismo
y la responsabilidad compartida, que otros socialismos europeos han abandonado ya por
ruinosos.
I. LA EDUCACIÓN ESPAÑOLA EN PERSPECTIVA
La Ley General de Educación de 1970
En 1969 el
Ministerio de Educación Nacional publicó el que se llamó Libro Blanco de la educación,
en el que se recogía una serie de datos que demostraban la necesidad urgente de emprender
una importante reforma educativa. La reforma, que desembocó en la Ley General de
Educación de 1970, pretendía no sólo facilitar el acceso a la educación de todos los
ciudadanos, sino también modernizar el sistema educativo según las ideas pedagógicas
más progresistas que circulaban entonces por la Europa occidental.
Los ocho cursos (de
seis a catorce años) de Enseñanza General Básica (E.G.B.) de la Ley de 1970 respondían
ya a ese patrón de escuela que hoy se llama comprensiva, es decir, aquel
según el cual la enseñanza ha de ser idéntica para todos, realizarse en el mismo tipo
de centros y con los mismos profesores.
Es indudable que la
Ley General de Educación supuso un gran avance social, ya que se logró la
escolarización de todos los niños hasta los 14 años y, en la práctica, la casi
totalidad de los de 16 quedó escolarizada. Sin embargo, tuvo algunos defectos de
consecuencias desastrosas. El más importante fue que, por miedo al fracaso escolar, se
suprimieron las reválidas y, con ellas, todas las pruebas externas y todos los
obstáculos académicos oficiales hasta la llegada a la Universidad.
La nueva EGB
(Enseñanza General Básica) se convirtió, en la práctica, en una enseñanza primaria
que abarcaba desde los 6 hasta los 14 años. Es importante reseñar que tanto la
eliminación de exámenes como la extensión de la competencia de los maestros sobre los
alumnos de los 12 a los 14 años no se había ni se ha
producido en casi ninguno de los otros países europeos.
Aquella Ley de 1970
cumplió con su objetivo democratizador pero, a la larga, produjo un notable descenso del
nivel de conocimientos y una relajación preocupante de la disciplina escolar.
La Ley General de Educación de 1970 mejoró mucho
la educación española, pero también tuvo defectos de consecuencias desastrosas, como la
supresión de las reválidas
La LOGSE
Cuando, a finales de
los ochenta, empezaba ya a resentirse la escuela de la falta de exigencia y autoridad de
los profesores, el Gobierno socialista emprendió una revolucionaria reforma del sistema
de enseñanza que culminó, en 1990, con la Ley Orgánica General del Sistema Educativo,
la LOGSE. Según sus promotores, una vez conseguido un alto nivel de escolarización
básica y secundaria, la escuela debía servir para compensar las desigualdades sociales,
y eso sólo se lograría si se adoptaba un sistema de enseñanza comprensivo y
homogéneo para todos los jóvenes al menos hasta los 16 años.
La LOGSE establecía
una larga enseñanza básica de carácter obligatorio y gratuito que comprendía dos
etapas: la Educación Primaria, de 6 a 12 años, y la Educación Secundaria Obligatoria
(ESO), de 12 a 16. Se retrasaba dos años la posible incorporación de los alumnos a la
Formación Profesional y se reducía el Bachillerato a sólo dos cursos. En realidad,
éste era el modelo de las Comprehensive Schools, característico del laborismo británico
e impuesto por ley en el Reino Unido en 1976. Esta copia del sistema británico por los
socialistas españoles se producía tres años después de que el Gobierno de Margaret
Thatcher hubiera decretado el National Curriculum, una ley que trataba de paliar los
efectos negativos de las Comprehensive. Las medidas fundamentales de la reforma de
Thatcher fueron la formación de grupos de diferente nivel dentro de cada uno de los
cursos y la realización de pruebas o exámenes al final de la enseñanza primaria, al
terminar los dos primeros años de la secundaria y al final de la secundaria obligatoria.
Tras la aprobación
de la LOGSE, las administraciones educativas socialistas organizaron un complicado
entramado burocrático para impulsar su implantación. Como si se tratara de un dogma y no
de una ley, se decía que los profesores debían no sólo conocerla y estudiarla, sino
también creer en ella.
Cuando en 1996 ganó
el Partido Popular las elecciones generales, la LOGSE no era aún una realidad y sólo
algunos institutos, de forma experimental, se habían ya acogido a ella. El PP se vio
obligado a impulsar la implantación de una ley a la que siempre se había opuesto y que
era absolutamente dogmática.
Como si se tratara de un dogma y no de una ley, el
Gobierno socialista afirmaba que los profesores debían no sólo conocer la LOGSE,
sino también `creer´ en ella. Resultado, el 30% de los alumnos abandona el sistema
escolar sin el título más elemental
Como era previsible,
la larga escolarización ha provocado que muchos adolescentes, casi un 30%, abandonen
actualmente el sistema escolar sin haber obtenido el título más elemental: el
Certificado de Educación Secundaria Obligatoria. Pero es que, además, no sólo se ha
reducido notablemente la exigencia académica sino que, en los Institutos de Educación
Secundaria, crecen los problemas de convivencia escolar debidos, esencialmente, a la
explosiva mezcla de adolescentes con intereses, capacidades y aficiones diferentes.
La LOCE
El PP, al ganar las
elecciones generales con mayoría absoluta en el año 2000, emprendió la tarea de
elaborar una nueva ley de educación. La Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE)
fue aprobada en diciembre de 2002 y mantenía el sistema escolar más o menos como estaba,
pero introducía en la secundaria obligatoria algunas medidas orientadas a resolver los
mayores problemas que la LOGSE había creado. Entre las más significativas:
· La obligación de repetir curso para
los alumnos con tres o más asignaturas pendientes y la posibilidad de recuperar los
suspensos con exámenes de septiembre.
· El establecimiento de distintos
itinerarios a partir de 3º de la ESO.
· La posibilidad, para alumnos con 15
años, de terminar la secundaria obligatoria cursando programas de iniciación
profesional.
· La autorización a los profesores
para, en casos excepcionales, privar a los alumnos de más de 16 años del derecho a
permanecer en los centros escolares.
· La atribución a las
administraciones educativas de un mayor poder de decisión en la selección de directores
de centros.
· La posibilidad de especializar
curricularmente los centros públicos.
La LOCE fijó el
porcentaje mínimo de las enseñanzas básicas que corresponde establecer a la
Administración del Estado: 55% para Comunidades Autónomas con lengua propia y 65% para
aquellas que no la tengan. Además, la LOCE reivindicaba el valor de la instrucción, del
estudio y del esfuerzo personal.
Estos remedios que
pretendía poner la ley del PP a un sistema que hacía agua por todas partes, no fueron
del agrado de los creyentes de la LOGSE porque, decían, convertía el sistema
integrador de su ley en otro segregador. Ello explica que, nada
más ganar las elecciones del 14 de marzo del 2004, Rodríguez Zapatero anunciara la
paralización de la Ley de Calidad.
Aunque algunos
artículos de la LOCE estaban siendo aplicados en el curso 2003-04, la organización de
las enseñanzas, como tal, precisaba de un posterior desarrollo normativo que hacía
difícil su implantación antes del curso 2004-05. Por otra parte, la Ley establecía un
plazo máximo de cinco años para quedar totalmente implantada. El 28 de mayo de 2004, el
Ministerio de Educación publicó un Real Decreto por el que se establecía un nuevo
calendario de aplicación de la LOCE que retrasaba la implantación de las nuevas
enseñanzas hasta el curso 2006-07. De esta forma, la nueva ministra, María Jesús San
Segundo, disponía de dos años para elaborar una nueva Ley de Educación.
Entre otras cosas, la Ley Orgánica de Calidad de
la Educación (LOCE) elaborada por el PP, reivindicaba el valor de la instrucción, del
estudio y del esfuerzo personal. Eso explica que nada más ganar las elecciones Zapatero
anunciara su paralización
En lugar de recurrir a un procedimiento tan irregular, el Gobierno socialista podía haber
imitado a los laboristas británicos que, cuando en 1997 llegaron al Gobierno, no sólo
mantuvieron las medidas del National Curriculum, sino que, atendiendo a estudios que
mostraron que el descenso de los resultados académicos se debía a dogmas
pedagógicos más que cuestionables cambiaron su política educativa. Tony Blair
presentó el programa electoral para el 2001 con unas declaraciones que supusieron un duro
golpe a la pedagogía progresista del siglo XX: A pesar del idealismo que acompañó
la creación de las Comprehensive Schools, solamente una minoría de alumnos ha conseguido
resultados aceptables; ha llegado la hora de poner fin a la comprensividad que
ha hecho fracasar a muchos escolares durante 35 años.
La LOE
El pasado 22 de
julio, el Consejo de Ministros aprobó el proyecto de la Ley Orgánica de Educación
(LOE). Los socialistas españoles, incapaces de aceptar el evidente fracaso de la llamada
comprensividad, han preparado una ley que apuntalará el sistema y los
principios de la LOGSE impidiendo poner en marcha las reformas previstas por la LOCE.
Aunque no se dice claramente, se puede adivinar que, para la izquierda, el gran
pecado de la Ley de Calidad fue olvidarse del dogma sagrado de la
equidad. De ahí que los autores de la futura Ley afirmen categóricamente que
no puede haber calidad sin equidad.
Esta equidad tiene,
para el actual Gobierno, un doble significado. Por un lado, se trata de que se repartan
los alumnos difíciles de forma equitativa entre la enseñanza
pública y la concertada; por otro, de impedir que se valore el mérito académico de los
escolares en los años de educación obligatoria. Además, desde la izquierda no se ve
bien el fomento del esfuerzo individual porque se considera expresión del
neoliberalismo capitalista. El esfuerzo, dice la LOE, más que individual, ha
de ser de toda la sociedad.
La
equidad y la responsabilidad compartida son los principios que
inspiran la futura Ley. Dado que es el sistema quien debe asumir la
responsabilidad del fracaso escolar, no es el alumno el que debe esforzarse por aprender y
aprobar, sino el centro escolar y las Administraciones quienes deben facilitarle, hasta
extremos insospechados, que lo haga; de ahí la supresión de los exámenes de septiembre,
la limitación de las repeticiones de curso y la institucionalización de los
programas de diversificación curricular o planes de estudio a la carta.
II. LA IZQUIERDA Y LA EQUIDAD
Para la izquierda
española, la misión de la escuela es compensar las desigualdades sociales, y esto, dice,
se podrá lograr sólo si el sistema de enseñanza es homogéneo y comprensivo
hasta la edad adulta. Dado que la LOCE pretendía introducir unas medidas que rompían esa
homogeneidad, el primer objetivo de la LOE es, sencillamente, impedir que éstas se
realicen. Así:
· Se suprimen los exámenes de
septiembre en 1º, 2º y 3º de ESO. Los alumnos con más de tres suspensos deberán
repetir o pasar de curso con asignaturas pendientes sin darles la posibilidad de
recuperar.
· Se vuelve a una promoción casi
automática limitando a dos las repeticiones de curso en la ESO.
· Se suprimen los itinerarios en 3º
de ESO.
· Se prohíbe que se pueda iniciar
antes de los 16 años un programa de formación profesional.
· Se impide la exclusión del sistema
escolar de alumno alguno antes de terminar la ESO o de haber cumplido los 18 años.
· Se resta peso a las administraciones
educativas en la selección de directores de centros escolares.
· No se contempla la posibilidad de
centros con especialización curricular (que son vistos por la progresía como
una excusa para crear distintas categorías de centros).
Por otra parte, a la
hora de establecer las competencias del Estado para fijar los contenidos mínimos de los
currículos, se vuelve a la peligrosa redacción de la LOGSE, que permite a cada Comunidad
Autónoma fijar su propio programa de estudios.
Para el Gobierno socialista, `equidad´ significa,
ante todo, impedir que se valore el mérito académico de los escolares. El esfuerzo, dice
la LOE, más que individual, ha de ser de toda la sociedad
Pero lo más
sorprendente de la LOE es que cuando ya, en España y fuera de ella, se hace evidente la
necesidad de recuperar el valor educativo de la disciplina, del esfuerzo o de la
exigencia, los socialistas insisten en resolver los problemas con medidas inspiradas en lo
que se ha dado en llamar angelismo escolar, causa principal de los males
actuales de la escuela pública. Las soluciones que se proponen sólo se explican si
están dictadas por el sectarismo y la demagogia.
Un ejemplo de lo que
la izquierda española entiende por equidad se puede ver en la interpretación
hecha por el Gobierno de los resultados de la evaluación internacional conocida como
Estudio PISA, 2003, donde, según palabras del actual Ministerio de Educación y Ciencia,
nuestro país ha quedado situado mal en calidad pero bien en equidad.
El INECSE (Instituto
Nacional de Evaluación y Calidad del Sistema Educativo), organismo del MEC que ha
dirigido la participación española en PISA, se ha mostrado bastante satisfecho con los
resultados, puesto que, según dice, aunque España se encuentra aún falta de excelencia,
está muy bien situada en cuanto a equidad y esto se debe, dicen los expertos
del INECSE, al carácter comprensivo e integrador de nuestro sistema educativo y a la
carencia de itinerarios escolares: Los países con sistemas educativos segregadores
y con itinerarios formativos -Bélgica, Alemania, Suiza- producen mayores dispersiones en
los resultados, mientras que países con un sistema educativo más integrador y
comprensivo, España entre ellos, tienden a ofrecer menor dispersión.
Pues bien,
comparemos los resultados de Bélgica, de sistema segregador, con España,
orgullosa de su sistema integrador: Bélgica consiguió 529 puntos, España
485; Bélgica ocupó el octavo lugar entre los participantes, España el 26. Por otra
parte, casi la mitad de los escolares belgas resuelven problemas de matemáticas con una
dificultad alta y media alta, mientras que sólo el 25% de los españoles lo hace, y
siendo el porcentaje de españoles malos y muy malos en matemáticas del 23%, con el
sistema educativo belga lo es del 16%.
Lo más sorprendente de la LOE socialista es que,
cuando se hace más evidente la necesidad de recuperar el valor educativo de la
disciplina, del esfuerzo y de la exigencia, insiste en abordar los problemas con
medidas inspiradas en el angelismo escolar
La satisfacción del Ministerio de Educación no tiene, pues, razón aparente. Por mucho
empeño que ponga en demostrar que la relación excelencia-equidad es mejor en los países
con un sistema comprensivo o integrador que en aquellos que tienen sistemas
educativos segregadores y con itinerarios formativos, del informe PISA se deduce,
precisamente, lo contrario.
La doble red de centros y la escolarización de los
inmigrantes
Una de las
consecuencias de la LOGSE ha sido el aumento de la demanda de plazas en colegios
concertados, centros sostenidos con fondos públicos y de titularidad privada. En
comparación con los centros públicos, estos colegios, quizás entre otras razones porque
han sido capaces de recuperar esos valores tradicionales de los que la izquierda reniega,
están resultando menos costosos para el erario público y más atractivos para una gran
parte de la sociedad.
Esta situación
preocupa enormemente a la izquierda, pues sabe bien que la comprensividad del
sistema escolar solamente puede triunfar si se impone a todo el mundo y si nadie puede
escapar a ella. El Gobierno socialista, por un lado, quisiera acabar con esta doble
red de centros que pone cada día más en evidencia el fracaso de su utopía
igualitaria, pero, por otro, teme, y con razón, que hacerlo provocaría la
indignación de una inmensa mayoría de ciudadanos para los que la enseñanza concertada
se presenta como tabla de salvación. De ahí la oscuridad del MEC al exponer su posición
acerca de los conciertos educativos. Afirma la LOE que la escolarización de alumnos
con necesidad específica de apoyo educativo deberá respetar la proporción que
determinen las administraciones educativas. Estos alumnos son, mayoritariamente, hijos de
inmigrantes, por lo que sería conveniente revisar esa idea tan extendida de que los
inmigrantes se matriculan casi exclusivamente en centros públicos.
Y es que, probablemente, más que la falta de equidad en el reparto de
alumnos, lo que está perjudicando a la escuela pública son esos dogmas pedagógicos que
incapacitan a los docentes para reaccionar con sentido común ante los numerosos, y a
veces graves, problemas de convivencia que los adolescentes plantean. La titularidad
privada de los centros concertados y la competencia entre ellos para captar alumnos ha
hecho que, poco a poco, fueran adoptando medidas que, en cierta manera, han paliado los
efectos negativos de la aplicación de la LOGSE.
La escuela es esencial en la integración de los inmigrantes. Pero una escolarización
homogénea de larga duración y en la que el esfuerzo individual está proscrito resulta
perjudicial, además de poco atractiva, para quienes han abandonado su tierra y su familia
para buscar en nuestro país un futuro mejor.
III. EL PANORAMA POLÍTICO
En algo más de diez
años los ciudadanos han visto desfilar cuatro leyes distintas de educación: la Ley
General de 1970, que estuvo vigente hasta 1996; la LOGSE de 1990, que está derogada pero
se sigue aplicando; la LOCE de 2002, que es una especie de ley fantasma que está vigente
y no se aplica, y la próxima LOE.
La izquierda ha
considerado siempre que la escuela es un instrumento revolucionario para lograr el cambio
social. Por eso se empecina en ese sistema igualitario que terminará con las élites
intelectuales que todo país necesita y que condenará a la mediocridad a varias
generaciones de españoles. Dado que sus intenciones son inconfesables, utiliza una
retórica bondadosa y demagógica que engaña a los ciudadanos y que resulta bastante
difícil de combatir. Frente a un Gobierno que maneja la demagogia y oculta con una
magnífica y bondadosa retórica sus peligrosas intenciones, es muy importante para la
sociedad que el Partido Popular explique bien y con claridad cuáles son los principios
fundamentales que inspiran su política educativa, ya que esos principios pueden ser
suscritos por cualquier individuo con sentido común que conserve todavía independencia
de criterio.
El primero de esos
principios es el respeto al derecho que tienen los padres a elegir la educación que
quieren para sus hijos, pues suya es, antes que del Estado, la responsabilidad de educar.
Habrá libertad de elección si existe diversidad en la oferta educativa. Y esta
diversidad debería darse tanto en la red privada como en la pública.
En segundo lugar, es necesario que el sistema ofrezca una educación de calidad; lo que
exige profesores bien preparados, un clima de buena convivencia en el centro escolar; unos
equipos directivos responsables y una buena gestión y administración; además, por
supuesto, de los medios apropiados para instruir y formar a los futuros ciudadanos de una
sociedad abierta y democrática. En este sentido, son fundamentales las evaluaciones de
resultados, y éstas deberían realizarse en cada centro y por cada alumno.
Por último, y en
contra de lo que dicen los socialistas, la escuela, más que un instrumento de
transformación social, ha de ser un lugar de formación de individuos responsables,
dueños de su vida y conscientes de su pertenencia a una sociedad. La escuela debe tratar
a todos por igual y dar a todos los ciudadanos las mismas oportunidades, lo que nada tiene
que ver con ese igualitarismo que predican los socialistas en nombre del cual se busca lo
mismo para todos, sin exigir esfuerzo alguno, y se desatiende la formación de los más
dotados naturalmente y de los que muestran mayor interés por el estudio.
La escuela debe
facilitar el acceso a la cultura y al saber de todos los niños, y se debe tener bien
presente que una escuela que no enseña y que no exige esfuerzo para aprender perjudica
siempre a quienes menos medios tienen, porque a éstos sólo la escuela puede
proporcionarles un futuro mejor.
Una escuela que no enseña y que no exige esfuerzo
para aprender perjudica siempre a quienes menos medios tienen, porque a éstos sólo la
escuela puede proporcionarles un futuro mejor
La Prueba de Conocimientos y Destrezas Indispensables
A primeros de abril de 2005 la Presidenta de la Comunidad de Madrid anunció que los
niños de 6º de primaria realizarían una prueba para comprobar si habían adquirido las
destrezas y los conocimientos que se consideran indispensables para comenzar, con
garantías de éxito, la Educación Secundaria Obligatoria. Durante el mes que medió
entre el anuncio y la realización de la prueba, las protestas de los sectores de la
izquierda no cesaron. Se afirmó que se trataba de un examen-sorpresa, que la Consejería
de Educación tenía objetivos inconfensables, que el final de la primaria no era el
momento oportuno de evaluar a los escolares, que los niños iban a ser traumatizados, que
esta prueba iba a sembrar confusión en las familias y que la medida respondía a
estrategias políticas y no educativas.
Además de conocer
el nivel con el que los escolares terminaban la primaria, se pretendía que la prueba
sirviese para fijar unos conocimientos mínimos indispensables, orientar a los maestros,
informar a los padres sobre el aprovechamiento escolar de sus hijos y dotar a los centros
escolares y a la Administración de una herramienta útil para evaluar cualquier proyecto
educativo o plan de mejora del rendimiento escolar.
La prueba, a la que
se llamó de Conocimientos y Destrezas Indispensables (CDI), se realizó el 10 de mayo de
2005 con toda normalidad en 1.160 colegios de la Comunidad de Madrid.
Los resultados
obtenidos pusieron de manifiesto que casi un 30% de los escolares de la Comunidad de
Madrid terminan la educación primaria sin los conocimientos imprescindibles para pasar a
secundaria. Un dato que, dada la simplicidad de la prueba, resulta extremadamente grave y
que proporciona razones más que suficientes para declarar, como hizo Tony Blair, que la
comprensividad está haciendo fracasar a un gran número de escolares.