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El Síndrome de Reformitis Adquirida. Artículo publicado en “Diari de Terrassa”, el 17.3.1999; en Cátedra, Núm. 11, Junio 1999. El Gobierno Pujol optó por la cortina de humo en el último debate sobre educación celebrado en el Parlamento de Cataluña los días 25 y 26 de febrero. La cortina de humo, el anuncio de creación de 30.000 plazas escolares para niños de cero a tres años, intentaba desdibujar ante la opinión pública el auténtico debate de fondo: la gravísima situación de la enseñanza secundaria afectada del síndrome de reformitis adquirida (SIRA). No obstante, por parte de los partidos políticos -de todos- y de los sindicatos docentes la atención y las propuestas de resolución se centraron en lo que perciben como necesidad fundamental: reformar la Reforma de Secundaria. El SIRA está haciendo estragos. De momento, su virulencia ataca de forma especial al profesorado, especialmente al que proviene del antiguo BUP, cuyo sistema inmune se ha visto sobrepasado por la capacidad del virus para infiltrarse en todos los principios pedagógicos de su medio ambiente y para derruirlos: la seguridad en la preparación profesional, en el valor intrínseco del saber que se transmitía, en la idoneidad de los ciclos impartidos, en el respeto a la figura del profesor o en el papel de docente como eje central de actuación. El SIRA, sin embargo, dada su perversa capacidad de infección y adaptación, se va extendiendo entre otros colectivos docentes que, por considerarse naturalmente inmunes o poco expuestos al contagio, han descuidado las medidas de prevención. Por otra parte, el síndrome viene afectando desde el principio a las tribus de alumnos, totalmente inermes y faltas de recursos ante la nueva enfermedad, y, sobre todo, abandonadas a su suerte por la opinión pública. Fuentes no gubernamentales pero bien documentadas hablan de altísimos porcentajes de población escolar afectada por el síndrome que se ha concretado en un elevadísimo índice de mortalidad o fracaso escolar, si bien responsables gubernativos indígenas se han precipitado a negar la gravedad de la situación y tildado de alarmistas las cifras manejadas, aduciendo datos estadísticos propios, que, sin embargo, a pesar de resultar poco fidedignos, evidencian ya la extensión del mal. Asimismo, cabe señalar que los avances de la enfermedad se concretan en una descomposición general del tejido social de los centros de enseñanza, en los que los problemas de convivencia, falta de logros de los cometidos específicos o abandonos mentales o físicos se están extendiendo como inmenso manchón de aceite. La reacción entre la población afectada, en especial la más consciente, ha consistido en la puesta en marcha de múltiples medidas y planes de prevención, que la administración tolera pero condena o ningunea, y que han llegado después de arduas campañas de denuncia hasta el mismo Parlamento. Y el Parlamento, en distintas ocasiones, al principio de forma medrosa y últimamente de manera decidida, ha aprobado la mayoría de esas medidas y planes preventivos. Sólo por citar algunas de esas medidas aprobadas cabe recordar las agrupaciones homogéneas flexibles, aulas-taller, rápida ejecución de obras pendientes, medidas de flexibilidad organizativa, combinación de autonomía docente y marco legislativo básico y común, medidas de dignificación de la figura del profesor, auxiliares docentes, agilización de las sustituciones de profesorado, revisión del decreto de derechos y deberes de los alumnos, etc. Puede afirmarse, pues, que, si bien con algunas indecisiones y frenos por razones partidistas, el Parlamento ha asumido la gravedad del mal y ha enviado al poder ejecutivo las primeras medidas para atajar la enfermedad. Y aquí viene el segundo estadio del problema: el gobierno Pujol, poder ejecutivo, no parece creer en la separación y colaboración de poderes, y viene desoyendo de forma reiterada las resoluciones parlamentarias. Sus directrices de actuación, o sea, las resoluciones de comienzo de curso y el ROC, por ejemplo, son año tras año copia casi exacta de las anteriores. Al parecer el gobierno Pujol quiere ganar tiempo hasta culminar la aplicación total de la reforma de secundaria postobligatoria y dejar atrás las próximas elecciones sin abrir públicamente la caja de los truenos. Evidentemente, lo que está haciendo es perder el tiempo que debería dedicar a contraatacar y poner remedio a esta plaga bíblica de final de milenio. El problema del ejecutivo se agrava si se considera que la posible alternativa en el poder ejecutivo procede de los laboratorios que en un grave descuido propiciaron la extensión del SIRA, que ya existía antes, como todo el mundo sabe, pero fuera de nuestras fronteras. Por todo ello, la comunidad afectada y la comunidad amenazada deben actuar con prudente contundencia y exigir públicamente al ejecutivo, como diversos colectivos ya están haciendo, la aplicación inmediata de los paliativos aprobados en el Parlamento de Cataluña, todo ello en aras de la salud pública y de la disminución del divorcio del poder ejecutivo con el parlamentario y el pueblo soberano.
Isidro Cabello Hernandorena Máster en Gestión y Dirección de Centros Educativos
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