RAÍCES DE FRACASO ESCOLAR DE LA PRIMARIA

Artículo publicado en “Diari de Terrassa”, el 2 de enero de 1997.

Probablemente nadie duda hoy día que los alumnos que llegan a la E.S.O. procedentes de Primaria lo hacen caracterizados por un nivel de conocimientos, de desarrollo intelectual, de autodisciplina y madurez muy por debajo al que presentaban hasta hace pocos años los alumnos de su edad. Por supuesto, la comparación se establece entre los grupos “buenos”, “medianos”, “flojos” y “desmotivados” de ahora con los de entonces. Si la situación es ésta, de real fracaso escolar generalizado, cabe plantearse cuáles son las causas, para que, una vez descubiertas, se puedan introducir los mecanismos correctores correspondientes.

Las causas, sin duda, son múltiples. Unas proceden de fuera del sistema escolar; otras, en cambio, brotan del interior. Las externas se concretan, por ejemplo, en la competencia de la nueva oferta audiovisual e informática, o en la desvalorización, en el ámbito familiar,  de la institución escolar como fuente de conocimientos y de formación, y su concepción como ámbito seguro de aparcamiento de los hijos durante las jornadas laborales de los padres. Estas causas, poderosas sin duda, quedan ahora fuera del alcance de esta reflexión, que se centrará en algunas de las interiores. Del seno mismo del sistema escolar nacen algunas raíces del actual deterioro escolar, como son la concepción constructivista del aprendizaje como estrategia exclusiva; la primacía de lo lúdico sobre lo laboral en las actividades de clase; la prolongación de la mentalidad infantil del alumnado; y, aquí, en Cataluña, la lengua de aprendizaje.

El constructivismo lo han presentado los gurús de la Reforma como el Ábrete Sésamo de la educación: el alumno construye sus saberes partiendo de lo que ya sabe, siempre que se le ofrezca como aprendizaje un saber significativo, es decir, que le diga algo a lo que ya sabe. No hace falta ir a los hechos, que lo demuestran fehacientemente, para prever que el ritmo de aprendizaje será lentísimo. Así, los pobres niños que han padecido en toda su vida escolar esa estrategia se han encontrado con que llegaban a la escuela con pocos saberes previos; por tanto, poco podía ser significativo para ellos; por consiguiente, poco se les podía ofrecer para que lo aprendieran; como aprendían poco, tenían pocos saberes previos, y por tanto poco podía ofrecerles el profesor que fuera significativo para ellos; y así durante años, con lo cual han aprendido poco, y más bien por el impulso de su  propia naturaleza y por ósmosis tras haber pasado tantas horas en una institución escolar.

La primacía de lo lúdico sobre lo laboral y la prolongación de la mentalidad infantil caminan estrechamente unidas como enfoque de la misión del sistema escolar. Como el juego es una buena herramienta de aprendizaje y de conocimiento del mundo, la escuela lo ha adaptado como estrategia suya, y en vez de dejarlo casi por completo a las puertas del centro, lo introduce dentro y lo hace señorear en las aulas. Así, los niños quizás se entretengan más que si tuviesen que trabajar y que estudiar, pero con ello se les enseña de hecho que la vida es juego, un juego permanente a pesar de los años, y con ello se les mantiene anclados en una permanente infancia mental.

La cuestión de la lengua de aprendizaje es una causa de deterioro que ha aportado a nuestro sistema escolar la administración educativa catalana. Naturalmente, esto sólo afecta a poco más de la mitad de la población escolar, pero no es por ello menos importante. La administración obliga a todos los niños a llevar su jornada escolar en una sola lengua. Con ello, los que conocen mejor o exclusivamente esa lengua no tienen ningún problema añadido; pero los que están en el caso contrario, sobre todo si ya tendrían otras causas de dificultades de aprendizaje, se ven en inferioridad de condiciones, lo que conlleva retrasos, desmotivaciones, pasividad, irritabilidad, desigualdad.

Es hora de poner soluciones. Hace falta un enfoque sincrético de la vida escolar: son muchas las estrategias de aprendizaje existentes y los centros deben combinarlas, adecuándolas a sus alumnos y a sus recursos personales y materiales. Los alumnos, progresivamente pero desde los primeros cursos, deben vivir que a la escuela se va a aprender y formarse de una manera que no pueden adquirir en otra parte. A los alumnos se les debe desarrollar mentalmente y psicológicamente, y verán que el aprendizaje ya es bueno por sí mismo como gimnasia mental, que el estudio les es algo necesario y obligatorio, que muchas veces tendrán que aprender saberes cuya utilidad inmediata no pueden ver pero que les capacitará para posteriores saberes. Los alumnos deben vivir que su aportación a la sociedad en sus edades es su progresiva formación, su responsabilidad ante el estudio. Los alumnos deben saber y vivir que a la escuela se va a aprender  y deben poder hacerlo todos en su lengua habitual, primero, e ir adquiriendo, todos, conocimientos de la otra, progresivamente, sin traumáticas inmersiones propiciadas por zorros que dicen cuidar de los pollos de las gallinas ajenas.

Probablemente este discurso no sea políticamente correcto. Eso es algo que no debe preocupar demasiado a un profesor, quien sólo debe buscar una aportación sociológica y educativamente correcta. Y cabe temer, en este caso, que de aplicación urgente, salvo que los diseñadores de la educación no permitan, pase lo que pase, que la realidad les estropee sus bonitos montajes mentales.

 

Isidro Cabello Hernandorena.

Profesor del I.E.S Egara.