HACIA UNA NUEVA ORDENACIÓN DE LA E.S.O.

Artículo publicado en “Diari de Terrassa”, el 14.5.1997; en Cátedra, Núm. 6, mayo 1997.

            Ha sido una frivolidad la introducción de la ESO. Ha sido una frivolidad generalizar su extensión cuando, por ejemplo, la mayoría de los Centros no cuentan con equipamientos indispensables, se condena a los alumnos que no aprueben la ESO a quedar excluidos para siempre de los estudios reglados, apenas existen cursos de garantía social para atenderlos, o no podrán acceder a los ciclos formativos de grado superior quienes cursen los de grado medio. Además, es una pasmosa ingenuidad la de quienes diseñaron y defienden la actual ESO, de enfoque estrictamente comprensivo, como el medio para deshacer las desigualdades sociales; resulta una pasmosa ingenuidad no haber tenido en cuenta la existencia entre nosotros de una tupida red de enseñanza privada que puede propiciar esas desigualdades gracias a la comprensividad indiscriminada de la pública.

            Los profesores de secundaria han comenzado a reaccionar, pasado el estupor de los primeros momentos. Su realidad cotidiana, su práctica diaria, están pudiendo más que las lunáticas utopías de los teóricos reformistas. Y así, a primeros de abril, unos dos mil profesores de 52 IES del Vallés y otras comarcas ya han apoyado explícitamente un manifiesto de revisión y mejora de la ESO; unos cuatros mil profesores han firmado un manifiesto de reforma de la Reforma promovido por ASPEPC; la Asociación de Catedráticos de Cataluña ha elaborado una documentada propuesta de reorganización del segundo ciclo de la ESO, con el título de “Millorem l’ensenyament secundari”; docenas de profesores de Clásicas, Filosofía, Física-Química y Ciencias Naturales han publicado cartas y escritos de protesta, por cómo les afecta la actual ESO. Incluso sindicatos que hicieron bandera suya la de la Reforma, aun defendiéndola todavía como principio, denuncian tantas deficiencias en su aplicación que, en el fondo, la presentan como inviable hic et nunc.

            Algunas organizaciones y algunos utópicos reformistas han optado por la defensa numantina de sus posiciones. Probablemente les va su razón de ser en ello y se entiende su fundamentalismo. Pero evidentemente la realidad los está acorralando y reduciéndolos a un gueto lamentable. No es, pues, a ellos a quienes hay que mirar para replantearse la ESO. Hay que mirar a los alumnos y  al saber de los profesores que están en contacto con las aulas. Y con esta mirada hay que buscar alternativas que vayan incluso más allá que los manifiestos del Vallés, de ASPEPC o de los Catedráticos, que, siendo lo más razonable que existe en la polémica sobre la ESO, se mueven, sin embargo, dentro del respeto a la letra íntegra de la LOGSE.

            Se debe partir de que las leyes deben estar al servicio de las gentes y que son, por tanto, modificables. Pues bien, si se modifica parcialmente la LOGSE, se puede proponer esta nueva ordenación de la ESO: Partiendo de la escolarización obligatoria hasta los 16 años, el primer ciclo de la ESO (12-14) se puede impartir, como enseñanza secundaria, en todos los antiguos Institutos de B.U.P., de F.P. e I.E.S, a todo tipo de alumnos, si bien incorporando aulas-taller para atender a aquellos alumnos que ya las necesitan en esas edades. En cambio, el segundo ciclo (14-16) recrearía la doble red  de centros, a partir de los resultados educativos del primer ciclo y de la voluntad de los alumnos, de forma que, en general, unos alumnos cursarían estudios pre-ciclos formativos en los antiguos I.F.P., por contarse ya en estos centros con abundantes medios materiales y humanos para realizarlos con dignidad; además, por las mismas razones, en estos centros se cursarían ya por adelantado cursos de garantía social para aquellos alumnos especialmente necesitados; a los antiguos Institutos de Bachillerato acudirían los alumnos con preparación y motivación para cursar después los nuevos bachilleratos (16-18), y realizarían allí un prebachillerato Los antiguos IES podrían adscribirse, de acuerdo con su voluntad y equipamiento, a uno u otro grupo de centros. Por supuesto, la separación de los alumnos a los catorce años no tendría carácter definitivo y se podría, con el debido asesoramiento, pasar de una red a otra.

 Esta alternativa, realista y barata, favorecería a nuestros alumnos, que serían tratados según su capacidad o disponibilidad; a nuestros profesores, que contarían con grupos más homogéneos; y a la Administración, que no tendría que hacer inmensas inversiones en creación de equipamiento de ciclos formativos en centenares de centros. Esta propuesta se presenta ahora en sus grandes trazos, pero el desarrollo de los mismos se puede planificar sin excesivos esfuerzos. Y, dato importante, para materializar esta nueva ordenación basta con modificar ligeramente la LOGSE, sin necesidad de derogarla.

Isidro Cabello Hernandorena

Catedrático de Lengua y Literatura Españolas. Máster de Gestión y Dirección de Centros.