|
ES HORA DE QUE HABLEMOS CLARO DE ESO, CARIÑO Artículo publicado en “Diari de Terrassa” I y II, el 20 y 21 de noviembre de 1996; en Cátedra, Núm. 5, Desembre 1996; en Cátedra Nova, Núm. 5, 1997
La aplicación generalizada del primer y tercer cursos de la E.S.O. ha hecho aflorar toda una serie de problemas que estaban latentes durante los largos años de la experimentación de la Reforma Educativa. Existían indicios racionales de los problemas que habían de surgir y algunas voces así lo habían proclamado, pero el apoyo decidido al proyecto por gran parte de las instituciones políticas, educativas y sindicales consiguió acallarlas. Ahora, dos meses después de iniciado el curso escolar, los problemas han estallado en nuestras manos y lo han hecho con extremada virulencia. No sería justo constatar tan sólo el lado negativo de la Reforma Educativa. Sin duda alguna, detrás de ella, y en los interminables años de experimentación, han abundado las buenas intenciones, los grandes y generosos esfuerzos, abundantes aciertos parciales. Sin duda, se ha avanzado en el trabajo en equipo y en la atención a un tipo de alumnos. Ahora bien, la experimentación estaba viciada desde su inicio: no se practicaba en las condiciones reales en las que habrían de aplicarse sus resultados, ya que los alumnos conflictivos por actitud o capacidad no acudían a los centros experimentales al no estar obligados entonces por la ley; además, los centros gozaban, si bien no todos, de medios especiales que no se han extendido a la totalidad; por otra parte, el profesorado, con frecuencia, estaba especialmente motivado por ideología o por el reconocimiento administrativo; y, finalmente, la Administración daba a esos Centros un trato de favor en los diversos ámbitos. Otra forma de viciarse el proceso ha consistido en que no pocos de quienes habían sido pioneros de la experimentación han sido integrados en la administración o las editoriales y han sido alejados del tajo fundamental de la Enseñanza, el aula y los alumnos, con lo cual se ha perdido su previsible experiencia y su labor de levadura entre sus compañeros de claustro. Resultaría, en este sentido, muy aleccionador el que todos los ideólogos y promotores de la actual Reforma Educativa trabajasen dos o tres años, todos juntos, en algún Centro de la E.S.O real y dura. Ciertos resultados de la experimentación se han presentado según convenía en cada momento o se han llevado con gran secretismo. Así, por ejemplo, al principio de la experimentación se proponía la Reforma como medio de atajar el fracaso escolar; pero cuando se detectó que el fracaso con la Reforma seguía siendo muy elevado, desapareció del discurso reformista la referencia al fracaso escolar. Respecto al secretismo, cabe recordar, por ejemplo, la ocultación de los datos, tan importantes y significativos, sobre los problemas en la Universidad de los alumnos procedentes de la Reforma, dada su menor preparación intelectual y académica, en comparación con los alumnos de C.O.U. Sería terrible, para la sociedad, que se pudiese constatar que la Reforma no mengua apenas el fracaso escolar y dispara, en cambio, el fracaso universitario. Otro campo en el que aparecen efectivos los experimentadores ha sido en el de la creación de una enrevesada jerga escolástica, llena de recovecos huecos, con la que han querido dar revestimiento científico y esnob a su alternativa educativa. Esta jerga, de uso obligado para quien quiera mostrarse à la page, se queda en puro nominalismo, pues o apenas resuelve nada que no estuviese ya resuelto con la terminología anterior o no se ha llenado de contenido consistente. Ahora han estallado problemas graves y numerosos en todos los ámbitos educativos -alumnado, profesorado, administración-, de los que, de momento, se enumerarán tan sólo algunos de los más significativos. Comencemos por el alumnado. De forma harto generalizada, y con las
debidas excepciones, el alumnado procedente de la Primaria reformada se caracteriza por un alto grado de indisciplina y falta de educación cívica -¿en qué quedan los cacareados valores, normas y actitudes?-, y por una baja preparación académica y limitada motivación por el estudio y el esfuerzo consiguiente. Una y otra características se agravan por la presencia de un preocupante porcentaje de alumnos que presentan un claro desdén por el tipo de enseñanza que les ofrecen los actuales I.E.S., acumulan un grave retraso académico y muestran un comportamiento que combina la abulia y la hiperactividad negativa, todo lo cual se convierte en un freno para la formación de sus compañeros. La mezcla indiscriminada de todo tipo de alumnos en todo tipo de centros no resulta, en general, de ayuda para los alumnos problemáticos y, en cambio, extiende su manera de ser, como modelos y líderes negativos, a los demás. Y reconózcase que alumnos muy problemáticos necesariamente los habrá en cualquier centro que no seleccione en la matrícula, puesto que en las franjas de edad de la Secundaria -de 12 a 18 años- ha habido y habrá siempre no pocos individuos con posturas antisociales, cuando no delictivas, y ahora todos ellos deben estar, por ley, escolarizados indiscriminadamente. El profesorado, en general, ha luchado hasta ahora en la medida de sus fuerzas por reconducir la situación. Ha aceptado, con talante profesional, una Reforma que se le ha impuesto. Ha incrementado su dedicación a los Centros, a la nuevas formas de organización y de control, a los nuevos contenidos y nuevas metodologías. Ha asistido en masa a los, por lo general, descorazonadores cursillos de capacitación para la Reforma. Ha asumido tareas inmensas como las contenidas bajo el vago concepto de “tutoría”. Se ha desdoblado para atender, con dignidad, el doble tipo de alumnado y sistema educativo (B.U.P. o F.P. y E.S.O.). El profesorado, sin embargo, percibe que no se corresponden sus esfuerzos con los resultados, que existe el peligro de un agotamiento psíquico ante una ingente tarea que desborda sus capacidades. Para colmo de males, al profesorado de Secundaria se le priva en gran parte de sus rasgos distintivos: su probada alta preparación en su materia, diluida ahora en una confusa noción de área, todo ello acompañado, en Cataluña, de un desmonte parcial de la estructura de Seminarios; además, se le han bloqueado los pocos canales de promoción, como son el acceso a la cátedra, al profesorado de Universidad o la matrícula gratuita para nuevos estudios; y ya, para acabar de redondear la faena, se decide congelar su salario, o sea, se les condena a cobrar menos por trabajar más. Por lo que respecta a la Administración, que tan acríticamente ha asumido el lanzamiento del producto, sin contar con el apoyo de los profesores, se constata que en el momento decisivo ha incumplido en gran parte sus deberes y promesas. Por ejemplo, ha rebajado la asignación a Enseñanza y la reparte con más centros concertados; las famosas Aulas de Tecnología bordean el ridículo en su dotación; el tratamiento de la diversidad -ese concepto angular del nuevo sistema- se queda en agua de borrajas por falta de presupuesto. Ilógicamente, en muchas comarcas ha introducido a la vez la E.S.O. en primero y en tercero, con lo que ha provocado, gratuitamente, un triple desajuste: pedagógico, porque obliga a los centros a hacerse cargo de los alumnos en medio de un ciclo, sin conocimiento claro de los antecedentes académicos ni caracteriológicos; económico, porque obliga a pagar conciertos por un curso que hasta ahora, en la privada, era exclusivamente de pago, problema que se agravará aún más el próximo curso; y organizativo, porque las complicaciones por infraestructura, horarios, profesores preparados y mezcla de alumnos aumentan geométricamente. Y en este punto cabe señalar la tarea determinante de la Inspección: si los muchos elementos capacitados que la componen no se hacen eco de las bases y de los dictados de su propia preparación y, si por el contrario, se limitan todos a ser la voz de su amo, el daño que provocarán será doble: a los centros y al crédito de la propia institución inspectora. De momento, ante los problemas expuestos, los altos y bajos cargos de la Administración se limitan a recomendar paciencia y esperanza en las bondades del sistema, y a asegurar, en un ejercicio de wishful thinking, que todo va bien. Y no va bien, aunque no hay mejor ciego que quien no quiere ver. La verdad es que estamos en una situación en que la actual reforma, lanzada desde presupuestos pretendidamente igualitaristas, puede convertirse en la mejor vacuna contra el igualitarismo, al aplicarse éste de forma brutal y en el momento y las condiciones menos adecuadas. Al igual que en la sociedad, donde en gran parte ha fracasado el sueño igualitario, por falta de crear previamente las condiciones necesarias, en la Enseñanza podemos estar asistiendo, dada la dura realidad, al enterramiento de ese sueño y ese ideal, tan humanos y legítimos. Muchos profesores, muchos alumnos, muchos padres, según vayan conociendo la dura realidad escolar, se van a alzar contra esta Reforma. Por fin, no faltará quien, a pesar de todo, grite: “El rey va desnudo”. Y es que el anterior sistema presentaba, sin duda, graves deficiencias, pero, en conjunto, los alumnos quedaban mejor preparados y mejor atendidos que en la actualidad. No resulta fácil proponer ya medidas de mejora eficaces. Probablemente, la más tajante y positiva sería la suspensión cautelar de la aplicación de la Reforma y la inmediata elaboración de una alternativa más racional y consensuada, todo ello acompañado, de momento, de la existencia de una triple red escolar, de Bachillerato tradicional, de Secundaria Reformada y de Formación Profesional, puesto que alumnos, centros y profesores existen, idóneos, para cada opción. Otra alternativa, posibilista, sería la de trabajar en el marco de la LOGSE, y seleccionar de hecho al alumnado al acabar el primer ciclo, o, como máximo, en tercero de E.S.O., de forma que cuarto fuera ya de hecho un primer curso de Bachillerato para alumnos con voluntad y capacidad de estudio; esta alternativa quedaría mejorada si al acabar el primer ciclo el alumno obtuviese una titulación que le permitiese el acceso a estudios profesionales reglados y adecuados a sus preferencias y capacidades, y si, por otro, se volviese a las asignaturas y se dejasen de lado los créditos, que satisfacen poco como unidad de aprendizaje y complican mucho como base organizativa. Ahora bien, si se dejan de lado, de momento, la enmienda a la totalidad o a la parcialidad, sólo quedan parches, parches que alarguen la flotación de este torpe transatlántico hinchable que es la E.S.O. Parches, pues, como son profesores de apoyo -lo que la administración no se gaste en profesores de apoyo se lo tendrá que gastar en sustituciones por las bajas por cansancio psicológico de los actuales profesores, multiplicadas, además, porque en una pésima política de recursos humanos, se adjudican al profesorado de Secundaria tareas que no le son propias, merman dignidad y le hurtan la satisfacción profesional-; incremento de medidas disciplinarias; atención académica prioritaria a quienes desean estudiar; reestructuración de los grupos de acuerdo con las capacidades; ampliación de las actividades mecánicas, técnicas y manuales para quienes lo necesiten; adjudicación de las tutorías a expertos que se dediquen exclusivamente a ello; fortalecimiento anímico colectivo del profesorado y del P.A.S. Y, sin duda, serán necesarias mucha caridad, mucha esperanza y mucha fe, mucha fe para creer lo que no vemos, cariño.
Isidro Cabello Hernandorena.
Catedrático de Lengua y Literatura. Máster en Gestión y Dirección de Centros Educativos.
|