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BALANCE VERANIEGO DE UN AÑO DE ESO Artículo publicado en “Diari de Terrassa”, 23 de julio de 1997.
Acaba de hacerse público que el nuevo gobierno de Tony Blair, que dio absoluta prioridad a la educación en su regenerador programa electoral, aboga por introducir un principio de diversidad en las aulas y agrupar a los alumnos por niveles, inyectar 48.000 millones de pesetas de fondos extra para reducir la ratio de alumnos/profesor, involucrar contractualmente a los padres en los problemas de indisciplina y en las tareas escolares, reconocer socialmente la tarea del profesor y desconfiar de los sindicatos, volver a los métodos pedagógicos tradicionales, con trabajo a fondo de las materias básicas, etc. A la vista de estos puntos programáticos uno se ve llevado a preguntarse si los afamados y eficientes servicios secretos de su Graciosa Majestad no se habrán hecho con una copia del Manifiesto de Profesores de Secundaria del Vallés y Otras Comarcas y la habrán utilizado como guía iluminadora de su marcha atrás en su pionero y paradigmático modelo reformista y comprensivo… En cualquier caso, la iniciativa del gobierno Blair demuestra la corrección de la reciente movilización del profesorado, por lo que nuestros bienhadados ortodoxos de la Reforma deberán buscarse otras justificaciones que no sean las británicas para continuar proclamando las supuestas excelencias sociales de su periclitado modelo. El curso 96-97, recién acabado, ha contemplado las luchas entre los reformistas de salón y los profesionales del aula. En el primer bando se alineaba la flor y nata de la Cataluña oficial: el Gobierno y la Administración, varios partidos y sindicatos, cúpulas de las macroasociaciones de padres, el DOGC, las Delegaciones Territoriales, la Inspección, la espada de Damocles de los conciertos en la privada, los hiperpedagogos universitarios, en suma, los que viven de su cuento y no enseñan. En el otro bando, salvo excepciones, los profesores que habían de aplicar un proyecto que se les había impuesto por imperativo legal, un proyecto absurdamente complejo, inviable, caro, fuente de problemas y conflictos; unos profesores conscientes que han procurado paliar en sus aulas los estragos del proyecto reformista y protestar en público por la amenaza a varias promociones de adolescentes. La lucha ha resultado, naturalmente, desigual. De hecho, en sus inicios los profesores críticos han recibido todo tipo de jarros de agua fría de la Cataluña oficial. No obstante, según avanzaba el conocimiento de la realidad ha ido creciendo el grado de insatisfacción y de protesta. Al final de curso, sectores importantes de la Administración abrieron la puerta a las agrupaciones homogéneas, al ordenamiento por asignaturas e itinerarios de segundo ciclo, etc. Esto se mueve. El próximo curso debe ser el definitivo para arrumbar esta ESO tan insatisfactoria para cubrir las necesidades educativas de nuestros variados alumnos. Se ha de ir gestando una honda reforma de la LOGSE que recoja el sentir profesional de los profesores que enseñan en secundaria. En esta tarea resulta, además, exigible la intervención del Parlamento y de los parlamentarios catalanes que, salvo esporádicas y poco difundidas iniciativas, se han mantenido al margen del problema, un problema que debería absorber buena parte de sus desvelos. La Cataluña oficial vuelve en este ámbito, al igual que en tantos otros, a vivir de espaldas a la Cataluña real, o, lo que es peor, esforzándose por imponerle como deseables unos objetivos sociales que son tan sólo coartadas para mantener sus chiringuitos. En todo caso, el clamor del profesorado puede alcanzar el próximo curso cotas magníficas. Las modificaciones que se deben emprender ya están discutidas y planteadas. Llega la hora de actuar.
Isidro Cabello Hernandorena Portavoz de la Plataforma del Vallés y Otras Comarcas
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